Guardar los anteojos sin funda es la forma más rápida de rayar los cristales o doblar las varillas. Parece un detalle menor hasta que te pasa.
Hay tres tipos principales: las fundas rígidas (clamshell) son las más protectoras, ideales si los tirás al fondo de la mochila o la cartera. Las semirígidas ofrecen un punto medio entre protección y espacio. Y las bolsitas o pouches de microfibra son ultralivianas, pero solo protegen del polvo y los rayones leves, no de los golpes.
Qué mirar antes de comprar:
- Cierre magnético o con broche: los magnéticos son más cómodos a diario, los con broche aguantan más presión
- Tamaño: algunos estuches quedan chicos para armazones grandes o de pasta. Fijate las medidas antes
- Interior: que tenga revestimiento suave (microfibra o terciopelo) para no rayar los lentes
- Material exterior: el plástico duro es el más resistente; el cuero o sintético es más liviano pero menos rígido
Para anteojos de sol o de pasta más grandes, buscá fundas con al menos 16 cm de largo. Para lentes de lectura o de uso diario, los modelos compactos funcionan bien y entran en cualquier bolsillo.