Anteojos de lectura

Anteojos de lectura listos para usar: cuáles son cómodos, cuáles no y qué conviene según el uso diario.

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Comprar anteojos de lectura sin probárselos es apostar. La mayoría elige por precio y graduación aproximada. El problema es que dos anteojos con la misma graduación no se sienten igual: el centro óptico del lente varía, y si está mal ubicado, generás más fatiga leyendo con ellos que sin ellos. El trade-off principal: lentes más baratos pueden tener distorsión en los bordes. No es visible al primer vistazo, pero después de treinta minutos de lectura los ojos lo notan. El puente de nariz también importa más de lo que parece: uno que aprieta hace que los saques antes de necesitarlos. Si los usás para lectura corta o esporádica, los modelos más económicos funcionan bien. Si leés o usás pantallas por horas con ellos puestos, vale la pena pagar más por un lente más limpio y un ajuste que no moleste. Anteojos para leer, lentes de lectura graduados, anteojos para presbicia: todos resuelven el mismo problema. La diferencia está en cuánto los vas a usar.

Análisis por Editor TusFavoritos